Historia del Real Club

Corrían los años cincuenta y el país poco a poco se sobreponía de la gran catástrofe de la Guerra Civil, agravada, a continuación, por la Segunda Guerra Mundial. Poco a poco se superaba el aislamiento de nuestro propio retraso unido al impuesto por los vencederos en la segunda de las grandes guerras del pasado Siglo XX.

A pesar de la mucha inmovilidad institucional la sociedad española avanzaba por la senda del progreso y la modernización y, como no podía ser de otra manera, el deporte comenzó su recuperación incluido el nuestro de la Vela.

Muchos entusiastas aficionados al deporte sintieron la necesidad de difundir, de forma casi mesiánica, las maravillas y ventajas de sus respectivas especialidades. Este movimiento permitió crear nuevas estructuras y recuperar algunas de las anteriores, sobre las que edificar la nueva casa de cada deporte.

Este es el caso, por ejemplo, de nuestro club, creado a tantas millas de la mar, en plena estepa castellana, y debido a la visión y el empuje de un grupo de personas comprometidas con la Vela, que vivían en Madrid por diferentes razones y que normalmente practicaban la vela solamente en la costa y en los periodos vacacionales.

Los grandes impulsores de nuestro Club fueron Miguel López Dóriga y Ángel Riveras de la Portilla quienes tenían una idea mesiánica de la vela, algo por otra parte muy extendido en este deporte no solo en esos tiempos.

Miguel pertenecía a una antigua familia santanderina muy relacionada con el mundo de la vela, no en vano varios López Dóriga habían desarrollado labores en diferentes puestos de responsabilidad en la vela española desde prácticamente sus orígenes. Su abuelo Don Victoriano, a la sazón Gentilhombre de Cámara de Alfonso XIII, había sido Presidente de la Federación de Clubs Náuticos desde su fundación, en el año 1909 hasta su muerte, justo terminada la Guerra Civil.

La idea fundacional consistía en reunir a un grupo de 150 socios entre los aficionados y navegantes de las diferentes costas del país que vivieran en Madrid. Esto les permitiría seguir navegando fuera de la época estival de vacaciones. A este grupo se le añadiría, además, una serie de personalidades de relevancia social de la época.

Una vez elaborada dicha lista el General Franco insistió en que su yerno Cristóbal Martínez Bordiú, Marqués de Villaverde, formara parte del grupo fundacional. Para lo cual se añadió un número 150 bis, como así consta en la primera relación de socios.

Por fin a finales del año 1958, concretamente el día 15 de noviembre, se constituyó formalmente el Club Náutico de Madrid y comenzó a funcionar impulsado por su primera Junta Directiva, desde ese momento, con todas las bendiciones legales y administrativas, incluida la previa aprobación de nuestros primeros Estatutos por parte de la Delegación Provincial de Policía, con fecha de tan ilustre como las del 17 de Julio del año 1958.

Los Socios Fundadores

El empuje de Miguel y la sólida y eficaz asistencia de Ángel, secundados por los primeros y entusiastas adeptos permitió convencer a un grupo de navegantes residentes en Madrid y que ya eran socios de otros clubes de la costa, un segundo grupo de aristócratas y miembros de la más destacada sociedad capitalina, interesados por el deporte y algunos altos oficiales de La Armada.

En el primer grupo encontramos a ilustres regatistas como Juan Manuel Alonso Allende o Juan Manuel de Zubiría, también socios del Real Sporting Club de Bilbao, Gonzalo Fernández de Córdona, de Real Club Mediterráneo de Málaga.

Una veintena larga de Titulados formaron parte de los fundadores, desde nuestro socio número 1, el Duque de Grimaldi, José Joaquín Marqués Patiño, hasta el 10 Bis, el ya mencionado Marqués de Villaverde. Entre ellos títulos tan sonoros como el de Duque de Alba, Duque de Veragua o Marqués de Comillas.

En representación del mudo empresarial apellidos tan sonoros e ilustres como Coca, Güel, Barreiros, Aznar, y de la política como Sánchez Arjona, Castiella, entre otros.

A la búsqueda de la mejor ubicación

Afortunadamente Miguel López Dóriga contó con la inestimable ayuda de Longinos Luengo buen amigo suyo y a la sazón ingeniero jefe de la Confederación de Aguas del Tajo. Esta amistad resultó del todo imprescindible, sin ella hubiera resultado prácticamente imposible crear el Club.

Paralelamente a la formación del grupo de socios fundadores y cuando ya se había seleccionado el recientemente construido Pantano de San Juan como mejor emplazamiento posible, el grupo de promotores comenzó la búsqueda del enclave ideal dentro del pantano.El elegido fue el formado por una península y su rada adjunta, situados cerca de la presa en la margen de Poniente y dentro del término municipal de San Martín de Valdeiglesias.

 

      

 

El primer presidente del Club Náutico de Madrid fue el Capitán de Navío de la Armada Álvaro de Urzaiz y Silva también creador de las Comisiones Navales de Regatas y gran impulsor de la práctica de la vela en nuestra Marina de Guerra. Desafortunadamente Don Álvaro moriría de forma prematura.

La construcción de nuestro edificio y el inicio de la navegación

Allá por octubre del año 1958 se celebró la asamblea fundacional del Club en la Federación de Clubs Náuticos y en poco tiempo se reunieron 150.000 pesetas, correspondientes a la cuota de entrada de los 10 primeros socios fundadores, por entonces todo un capital, de tal manera que se pudo comenzar a construir nuestro edificio social, sobre planos de gran arquitecto José Antonio Corrales.

La idea era realizar una primera fase para cubrir todas las necesidades deportivas y ampliar y completar, más tarde, la zona social, con los correspondientes salones, biblioteca y puente de mando. En conjunto completo requeriría de un presupuesto en torno a los dos millones de pesetas.

Lo realizado en el año 1961 era la plataforma de hormigón, donde se situó la primera grúa, con el edificio que dejaba un amplio espacio cubierto para ser utilizado como galpón de barcos y pertrechos. Por la escalera de caracol aún existente se accedía a la primera planta, donde se situaban los vestuarios. Con sus correspondientes duchas y taquillas, un salón en forma de L y el bar, con su cocina. Sobre la terraza se situó la primera planta de energía solar creada en España para calentar agua sanitaria.

Para acceder al edificio del Club se creó primitiva carretera de tierra, aún en servicio, así como el aparcamiento primitivo, también en uso, que se unía con el edificio a través del actual camino peatonal, dotado de nuestro pequeño y coquetón puentecito.

Ya en el año 1961 la flota del Club Náutico de Madrid estaba constituida por nueve snipes, un Cadete y un 505. Lástima que esta extraordinaria clase no prendiese en España, pero ciertamente era muy avanzada para nuestro nivel en ese momento y aún décadas después. Una serie de botes y pequeñas motoras, más de una docena, completaban el material flotante existente en el Club durante las primeras temporadas.

 

La primera Junta Directiva

La Junta Directiva que hizo posible todo esto estaba presidida por Álvaro de Urzaiz y Silva con Ángel Riveras de la Portilla de Vicepresidente y Miguel López Dóriga de Comodoro. El Secretario era José Joaquín Márquez Patiño, a la sazón Duque de Grimaldi y Vicesecretario Jean Riglet Morizot. El puesto de Tesorero lo ocupaba Antonio Muñoz Cabrero, con Rafael Azcoaga y Mendizábal de Vicetesorero, mientras que Manuel Beamonte de Cominge era el Vice comodoro.

Los Vocales fueron: José Gandarias y Urquijo, Luis Martínez de Irujo (Duque consorte de Alba), Justo Saavedra Collado, Gonzalo Fernández de Córdoba (Duque de Arión), Julián Celaya Gutiérrez, Alfonso Güel (Marqués de Comillas), Cristóbal Colón y Carvajal (Duque de Veragua), Alfonso López Dóriga y Pérez, José Navarro y Morenés (Conde de Casa Loja), Pedro Riveiro Fernández y Ramón Canosa de los Cuetos.

Los primeros empleados del Club

Otro de los problemas a resolver era el de los empleados técnicos que precisa todo club náutico. En la costa siempre es posible encontrar marineros capacitados en Pelayos de la Presa o San Martín de Valdeiglesias y en plenos años cincuenta la situación era muy distinta. El primer empleado del Club fue Felipe, era pintor y carpintero y trabajaba en la Confederación. Ya desde los primeros momentos coopero en la búsqueda del emplazamiento ideal y pronto pasó a integrarse en el Club.

Pero Felipe no era marinero en absoluto. A través de Don Juan, Conde de Barcelona, el comodoro y Riveras de la Portilla encontraron a Ramón Pérez, hermano de uno de los marineros del Giralda, quién trajo a su cuñado Manolo Galiñanes, ambos gallegos y gente de mar. Dos jóvenes de San Martín entraron como aprendices de marinero, ambos se llamaban Leoncio, de apellidos Pérez y Carreras. Más tarde se incorporarían Feliciano Rodríguez como encargado del mantenimiento, junto a Concepción Reviejo. Ya desde el principio la administración la llevó Narciso Balsa.

Durante los primeros inviernos colaboraron con el Club los marineros de dos socio destacados; Pepe el Malagueño, aportado por Gonzalo Fernández de Córdoba, quien más tarde ocuparía la presidencia del Club e Ignacio Lirón, excelente marinero de Laredo y también proel en el Star de Mario Caprile.

Como guarda de noche se contrató a Sandalio Yuste y como secretaria, en la oficina de, primero, la Plaza de Santo Domingo número 13 y más tarde en la actual de Pinar número 6 en Madrid, se contrató a Nieves Rosado que se volcó en el servicio al Club hasta su jubilación.

Desde el principio la responsabilidad del servicio de hostelería recayó sobre el equipo de Los Arcos, el mejor asador de San Martín de Valdeiglesias, encabezado por su propietario Primitivo López, el renombrado Primi.

El año 1961, la gran explosión

Las primeras regatas locales se celebraron a primeros del año 1961 y en ellas compitieron una decena de snipes y el ya mencionado 505 y lo hicieron mediante un sistema de compensación que proporcionó la primera victoria de nuestro Club al 505 de por delante del Snipe de La Duca (Gonzalo Fernández de Córdoba).

En las regatas de Semana Santa, ensayo general con todo de la gran cita del ya inmediato San Isidro, ya compitieron una docena de snipes, con victoria de los hermanos Gallego y su Vakechuta, seguidos del Mosquito X en esta ocasión con un jovencísimo Alberto Larrañaga a la caña.

Pero lo mejor estaba por venir, se trataba de las regatas de Semana Santa y, sobre todo, la primera edición del Trofeo San Isidro, la más importante cita deportiva de nuestro Club, que llegó ha ser la regata con mayor participación de las que se celebraban con periodicidad regular en España.

El resultado es que en la primera edición de nuestro San Isidro compitieron la importante cifra de 52 barcos, entre snipes, con 44 participantes y los ocho stares

Nace la regata de San Isidro

Se celebraron tres pruebas, una por día. La primera con vientos Sur más o menos normales, lo que permitió completar el recorrido a todos los stares y a la mayor parte de los snipes. No pasó lo mismo en la segunda prueba en la que los recalmones impidieron terminar dentro del tiempo límite a la mayor parte de la flota de snipes, solamente se clasificaron 11. En la tercera prueba se comenzó navegando con sures suaves que rolaron a un alegre norte que arreció de forma notable en la última popa de los snipes, estas alteraciones eólicas hicieron que la regata resultara complicada para mucho y causaron algún que oto vuelco entre los snipes e, incluso, una rotura de mástil.

     

En Star comenzaron ganando Enrique Urritia con Emilio Gurruchaga, pero Ramón Canosa y Camilo Seghers padre reaccionaron imponiéndose en las dos pruebas restantes y alzándose con el primer San Isidro de esa legendaria Clase, seguidor por los ya mencionados Urrutia – Gurruchaga y Bareño – Mariño, quienes comenzaron fuerte con dos segundos puestos.

Los snipes, el plato fuerte

La regularidad fue el merito que permitió al Suavísimo alzarse con la Victoria en el primer San Isidro, puesto que a sus dos primeros puestos unió un cuarto en la última y complicada prueba. El Suavísimo, de la flota de Mella estuvo tripulado por el matrimonio Rodríguez.

La flota presente reunió lo mejor del Snipe español del momento, con barcos representantes de la mayor parte de las flotas de nuestro país y la casi totalidad de los regatistas de primera fila.

A la cita no faltaron históricos como Pedro Casado, Cholo Armada, Forteza, Pepe Belles, además de los “locales” Juan Manuel Alonso Allende o Gonzalo Fernández de Córdoba y lo “jóvenes” Fernando Bolín o Arturo Delgado.

      

La victoria de Suavísimo fue incontestable, el segundo puesto lo alcanzó el Guadalimar de Juan Manuel Alonso Allende con su hijo Juanma de tripulante, aún poco crecido para las regatas de viento, con dos terceros y un séptimo en la última prueba.

Para explicarse la clasificación es necesario recordar que en aquella época no existía el descarte, con lo que las veleidades del pantano podía jugar alguna mala pasada, es fue el caso de Pedro Casado que comenzó con dos segundo, pero no terminó la tercera regata, con lo que se tuvo que conformar con el noveno puesto de la tabla. Por su parte no fue la regata del Canuto XIII de La Duca y Triay, que se marcaron el mismo puesto que el número de orden de cu Canuto, con un descalificado en la segunda prueba

Este mismo año 1961 la naciente y exitosa cita de San Isidro se complementó con una regata internacional en otoño, prólogo del actual Trofeo de la Hispanidad. En esta ocasión, además de Star y Snipe compitieron por primera vez los Finn y se registró la presencia de tripulaciones de Italia, Francia, Portugal e, incluso, de Estados Unidos. Aunque para aumentar la notoriedad de la participación internacional se contabilizó al estarista de Laredo Camilo Seghers, con su nacionalidad belga de origen.

A diferencia del San Isidro, en esta ocasión se disputaron cinco pruebas, que eran las programadas. Las cuatro primeras pruebas se disputaron con vientos suaves de la presa y la quinta y última con una buena castaña de El Estrecho, lo que provocó algún que otro chapuzón.

Como es de rigor la clase más numerosa fue el Snipe, con 43 barcos en regata, con un total de 17 extranjeros y victoria de los italianos Reggio – Mazzoni, con dos segundo y un tercero como mejores resultados, segundos fueron los malagueños Gómez Raggio – Bejarano, quienes se apuntaron la victoria en la tercera prueba, acompañada por un segundo en la primera, pero un puesto 14 en la última les privó de la victoria. Terceros fueron los portugueses Sena – Da Silva, con un segundo y un tercero como mejores parciales.

La clase Finn solamente contó con dos participantes; el francés Pierre Gillet y el norteamericano Fred Miller, completaron tres de las cinco pruebas y se clasificaron en este orden, con todas las victorias para el galo.

En Star compitieron un total de siete tripulaciones con victoria para el Fandango con Emilio Gurruchaga y Mateo. Emilio era el tripulante habitual de Enrique Urrutia, quién no pudo navegar. Lograron tres segundos y un primer puesto. La primera prueba de esta clase no se pudo completar por falta de viento. Juncho Arregui y Uriarte con el Galerna II ganaron dos de las pruebas, pero y cuarto y un tercero les situaron en el segundo puesto. Por su parte los portugueses Posser – Vilhena, se mostraron desconcertados en las pruebas de poco viento pera arrasaron en la última, lo que les permitió clasificarse en el cuarto lugar, justo detrás de Ramón Canosa y Navarrete.

No solo era la vela, pero casi.

Además de la primera edición del Trofeo San Isidro el, por entonces Club Náutico de Madrid, también organizó un Campeonato de España de Esquí Náutico, que patrocinara la naciente industria del motor a través de la marca Barreiros. Fue un lucido campeonato que contó, incluso, con su trampolín flotante para practicar la disciplina de saltos.

La primera ampliación

Ya con las primeras ediciones del San Isidro completadas y con la experiencia de la actividad normal se comprobó que los bajos del edificio no eran capaces de acoger al número de barcos que precisaban cobijo, que la plataforma de hormigón resultaba exigua y que la grúa y la plataforma resultaban inútiles cuado bajaba la marea, aunque fueran solo unos pocos metros.

Se decidió entonces crear la actual plataforma con su cobertizo, talleres, lazareto y local para los marineros, así como una rampa para poder varar, al menos los snipes y vauriens, en las «bajamares». Durante los años 65 y 66 se realizaron las obras y se instaló una nueva grúa en la plataforma recién creada.

Más tarde se construyó el pabellón prefabricado de la Escuela de Vela y como final se trasladaron los vestuarios a la planta inferior del edificio, de tal manera que se pudo ampliar la zona social con la incorporación del actual comedor situado donde antes estuvieron los vestuarios masculinos y una prolongación del salón que ocupa el espacio de los antiguos vestuarios de chicas. Afortunadamente las obras se realizaron con respeto al concepto original y utilizando los mismos materiales, muebles y, sobre todo los suelos idénticos. Por último se construyó el puente de regatas sobre la cubierta de la planta principal del Club.

Al otro lado del camino de acceso a la plataforma de hormigón también se construyó un primer cobertizo con chimenea que comenzó siendo el local de Afiliados Deportivos y actualmente, después de alguna que otra consolidación, es la taberna marinera, con sus dos terrazas y su barbacoa.

Lamentablemente a finales del año 1962 murió nuestro primer Presidente Álvaro de Urzaiz y Silva, un marino excepcional y una personalidad que hizo mucho por el avance de la Vela en España. De forma interina fue sustituido por Ángel Riveras de la Portilla hasta que, siguiendo lo marcado en los estatutos del Club, se eligió nueva Junta Directiva.